NIHIL OBSTAT: DETRÁS DE LAS CÁMARAS CON EL DIRECTOR SERGI CARRERAS
¿Cuál fue la primera chispa que te llevó a desarrollar esta historia?
La primera chispa fue una imagen. Se me apareció muy clara y definida en la mente, y a partir de ahí la historia se fue formando. Fue un proceso muy orgánico. Una vez tuve la imagen, el resto sucedió con mucha facilidad. Lo más curioso es que la imagen no aparece en el montaje.
¿Hay elementos autobiográficos o personales en la película?
En la obra está la visión del mundo a través de mis ojos, mi mente, mi experiencia, mis intereses, mis emociones… en definitiva, a través de mí. Es la visión de mi mundo. Más allá de eso, no hay nada autobiográfico ni personal. Rechazo bastante al artista que crea con la seguridad de recrear o reinterpretar aquello que ha vivido, aquello que conoce.
Primero, porque no me doy tanta importancia como para filmar mi propia vida, no tengo ese egocentrismo. Y segundo, porque mi interés es explorar la magia de la vida y del mundo, aquello que no se puede definir con palabras, que hay que vivir y experimentar.
ESTA ES, PARA MÍ, LA MISIÓN DEL ARTE: EXPLORAR LAS PROFUNDIDADES Y LO TRASCENDENTE, EL MISTERIO.
¿Hubo alguna obra, director o género que influyera en el estilo visual o narrativo de la película?
Sí, todo artista se crea a partir de influencias de todo tipo: literarias, pictóricas, cinematográficas, etc.
Si nos centramos en el ámbito cinematográfico, los artistas que más me han influido en este corto son Jean Epstein, por su capacidad de crear ambientes impregnados de misterio, parece que los paisajes hablen, y de hecho, él es la influencia máxima de la primera imagen que tuve del film.
Después, dos genios como Tarkovski e Ingmar Bergman, tanto a nivel visual como narrativo. De Tarkovski, creo que está la poética y la trascendencia del tema, y de Bergman, la aproximación a la psicología de los personajes, ahondar en su alma, sacar a la luz su oscuridad y todo aquello que esconden.
Por último, pero no menos importante, una gran influencia es Albert Serra, sobre todo en crear un ambiente adecuado y caótico para que surjan cosas interesantes y poder capturarlas. Hacer un híbrido entre el control y la libertad creativa para aprovechar al máximo todo lo que surge en el rodaje y después, en el montaje, donde puedes dar orden y sentido a todo ese caos creativo que has recolectado anteriormente.
¿Qué retos afrontaste al llevar la historia de la página a la pantalla?
Los retos fueron la incertidumbre, al no ceñirme estrictamente al guion y dejar mucho espacio a la improvisación. Eso permite que puedan surgir cosas muy interesantes, pero al mismo tiempo no sabes hacia dónde irá todo.
Hacer que el equipo creyera en el proyecto también fue un reto; la gente no suele estar acostumbrada a rodar con esta metodología. Esto hizo que tuviera que contextualizar mucho todo el cine que quería hacer, la manera en que lo quería hacer y las referencias que tenía, para que todos fuéramos a una y crear una metodología adecuada.
¿Cómo trabajaste con los actores para construir sus personajes?
Mezclé actores con no actores. Creo que lo más importante era seleccionar personas que, por el conocimiento que tengo de ellas, intuía que me podían aportar mucho a nivel de presencia y de diálogos. Les expliqué la historia, centrándome sobre todo en el tono que quería, y dejé que ellos actuaran como lo sentían.
Comentábamos cada escena previamente y, una vez estábamos rodando, yo les decía posibles diálogos con los que podían jugar. A veces, les lanzaba temas para iniciar una conversación y los iba dirigiendo hacia donde creía que era más interesante.
¿Hubo algún actor que te sorprendiera con su interpretación?
Manel Ripoll, el actor que hace de padre y que además es mi abuelo. Nunca se había puesto delante de una cámara, nunca había hecho teatro ni había tenido ninguna experiencia actoral. Aun así, yo sabía que podía aportar mucho, es todo un personaje en la vida real.
Me sorprendió porque en muchos momentos no actúa, sino que vive la historia, y sobre todo su manera de hablar y muchas de las frases que dice me parecen geniales. Fue un gran acierto, como no podía ser de otra manera.
¿Qué era lo más importante que querías transmitir a través de las actuaciones?
Naturalidad, crear ambientes reales donde los actores pudieran soltarse y creerse lo que estaban viviendo.
Eso, sumado a la ausencia de control sobre los diálogos, los mantenía en un estado de tensión constante. Tenían que actuar como lo hacen en la vida, sin tener la seguridad de saber qué deben hacer ni cómo reaccionará el otro. Creo que en gran parte del corto se nota esa naturalidad.
¿Cómo desarrollaste el estilo visual de la película?
Quería un blanco y negro con mucho contraste y mucha textura. Me gusta que la imagen mantenga el misterio.
Creo que con el 4K y toda esa nitidez se elimina gran parte de la belleza de la imagen, la hace demasiado realista, le quita la magia y la poesía que le da cuando hay ese velo, esos contrastes que esconden y muestran al mismo tiempo, ese brillo que crea aureolas que parecen celestiales en algunos personajes.
Buscaba una estética que mostrara sobre todo la incertidumbre, el misterio y la dureza de la historia.
Cabe mencionar que el etalonaje y la postproducción que hizo Xavier Pérez es brutal y le dio al film lo que estaba buscando. Lo convirtió en una película.
¿Hay algún simbolismo o mensaje oculto?
La idea central del film es la cuestión de la fe. Si es necesaria o útil para afrontar una tragedia inminente e inevitable.
A partir de ahí, se ha desarrollado una historia con muchas elipsis que obligan al espectador a interpretar y a crear su propio sentido de lo que está viendo.
De mensaje oculto no hay ninguno, de simbolismos creo que sí que hay. La película no busca ser entendida, ni tener una explicación clara y única. Busca generar interés y provocar que el espectador interprete el sentido y los hechos que ocurren, que se cree su propia película.
En ningún caso el film es moralista o intenta dar lecciones, al contrario, creo que busca provocar reflexiones sobre temas bastante tabú en nuestra sociedad. Explorar las partes oscuras de la vida.
¿Cómo ha sido la reacción del público hasta ahora?
Todavía no se ha exhibido en ningún cine, pero el feedback es bueno. Si te soy honesto, no le doy demasiada importancia, porque la mayoría son personas que conozco, familia y amigos, gente que me tiene cierto aprecio y que me da una opinión muy benevolente.
Lo que sí me gustó mucho fue la calificación que hizo el director Xavi Puebla, que lo definió como un corto suicida, y me dijo que tenía mucho valor hacer una obra así en un contexto, una industria y un país como el nuestro. Reconozco que eso sí fue una gran satisfacción para mí.
En cuanto al circuito de festivales, de momento hemos conseguido nominaciones en el 17th Jaipur International Film Festival (India, 2024), en los Premis Castellitx (2025) y en el Blanes Costa Brava International Film Festival (2025).
¿Ha cambiado tu percepción de la película después de las primeras proyecciones?
En cierta manera sí, las interpretaciones que ha hecho la gente que la ha visto son muy enriquecedoras. Son personas inteligentes y con una gran sensibilidad que hacen crecer los significados del film.
Después de Nihil Obstat, ¿qué viene para ti como director? ¿Tienes algún proyecto en mente?
Mi ópera prima, la primera película que ya se está gestando. De momento, ya tengo la idea fuerte sobre la que estructurarlo todo, y espero muy pronto empezar a escribir y a darle forma a todo ese mundo.


